Sunday, September 21, 2008

Autonomía y nacionalismo Zapatista

por Alejandro Reyes

Un grupo de hombres, mujeres y niños indígenas, algunos con paliacates rojos al cuello, se congrega a la orilla de un riachuelo. Un hombre toca la chirimía, suben nubes de incienso entre las ofrendas de flores y velas que muchos pares de manos colocan con humildad y respeto. Reflejado en el agua, el rostro sonriente de un anciano. Parece decirnos: ésta es nuestra tierra. La cámara se aleja y va apareciendo toda la escena: el verdor de la selva, el riachuelo, los indígenas congregados en festiva reverencia, las ofrendas, las flores, las velas, el incienso y, enmarcándolo todo en un cuadro simétrico, dos banderas mexicanas.
Fade out. Créditos.
Se trata de la última escena de Tierra sagrada, video producido por videastas zapatistas, en coordinación con las autoridades autónomas municipales y la Junta de Buen Gobierno. El video cuenta la historia, desde la perspectiva zapatista, de la lucha por la tierra, la explotación antes de 1994 y la construcción de territorios autónomos en tierras recuperadas de manos de finqueros y latifundistas. Pero esta última escena encierra en sí misma buena parte del discurso y de la propuesta zapatista. Por una parte, los rituales indígenas, sincréticos, representan una afirmación identitaria: somos indígenas. Y se entiende: como indígenas tenemos una cosmovisión nuestra y una relación particular a la tierra; es como indígenas que reclamamos nuestro derecho ancestral a la misma; y es como indígenas que reclamamos nuestro derecho a la autodeterminación y al autogobierno. Por otra parte, las dos grandes banderas que enmarcan la escena conllevan un mensaje evidente: somos mexicanos; nuestra lucha ni es separatista ni está circunscrita a la problemática específica indígena chiapaneca; luchamos por una nueva nación. “Vamos, vamos, vamos, vamos adelante / Para que salgamos en la lucha avante / Porque nuestra Patria grita y necesita / De todo el esfuerzo de los zapatistas”, dice el himno rebelde.
Autonomía y nacionalismo: los dos lados (para algunos críticos irreconciliables) de la misma moneda que el zapatismo propone como remedio para los dos grandes males (también en apariencia contradictorios) que, según su análisis, envenenan a la sociedad mexicana contemporánea: el Estado centralizador, autoritario y antidemocrático, por un lado, y por el otro la “nueva guerra de conquista” de la globalización, que no sólo homogeniza las particularidades locales sino que desmantela los Estados Nacionales y los reordena a servicio del mercado global.
En el contexto de los movimientos altermundistas y de las luchas antiglobalización —de los cuales el movimiento zapatista es tanto partícipe como, en muchos casos, inspirador—, así como de los nuevos movimientos radicales de las últimas décadas, sobre todo en los países del dicho Primer Mundo, el nacionalismo zapatista resulta paradójico, incomprensible y, para muchos, francamente insensato. La historia de los nacionalismos europeos conlleva una interminable lista de guerras y demás atrocidades por las cuales es difícil sentir algún indicio de nostalgia. Y sugerir que el nacionalismo, como quiera que se le defina, pueda ser un eje de lucha en los Estados Unidos, difícilmente puede dejar de causar escalofríos.
Al mismo tiempo, en México, para la derecha y no pocos sectores de la izquierda, la autonomía propuesta —y vivida cotidianamente— por el zapatismo es una forma de separatismo o, por lo menos, una aberración dentro del marco del Estado moderno que amenaza la unidad de la nación.
Son estos los temas que me gustaría explorar en estas líneas: por un lado, la propuesta nacionalista zapatista y su relación con la autonomía; por el otro, el papel de la identidad en la lucha zapatista y el desafío a los discursos hegemónicos sobre la identidad nacional y “lo mexicano”.

La Cuarta Guerra Mundial

En un artículo reciente, el filósofo esloveno Slavoj Žižek escribe: “Una de las más claras lecciones de las últimas décadas es que el capitalismo es indestructible. Marx lo comparó a un vampiro, y uno de los puntos sobresalientes de comparación parece ahora ser que los vampiros siempre vuelven a la vida después de ser apuñalados a muerte.”[1] Después del fin de la Guerra Fría, el capitalismo no sólo no ha muerto sino que ha cobrado tales dimensiones que, para muchos, se vuelve imposible imaginar alternativas. El capitalismo como sistema económico y la democracia liberal como sistema político se han naturalizado en el discurso hegemónico: ellos son el único camino para la humanidad, y todas las alternativas son utopías descabelladas o inventos perversos de los enemigos de la libertad.
Según la evaluación que hacen los zapatistas de la realidad global contemporánea,[2] el fin de la Guerra Fría desató lo que ellos —y otros movimientos altermundistas— llaman la “Cuarta Guerra Mundial”. El vacío de poder dejado por la caída del Muro de Berlín, aunado a las nuevas tecnologías y el consecuente crecimiento de las industrias transnacionales, ha resultado en una redefinición de fuerzas políticas y una “nueva guerra de conquista” para controlar territorios y recursos naturales. Pero a diferencia de las guerras anteriores, esta se da no entre estados naciones, sino entre los grandes centros financieros: una guerra de mercados. Algunas de las características de esta “nueva guerra de conquista”, según los zapatistas:
Una guerra total. Difícil resulta para el viajante estos días aventurarse a las regiones más remotas del planeta sin que allá se encuentre las huellas de los grandes capitales y la consecuente devastación, tanto física como cultural. Cada montaña, cada río, cada bosque, cada desierto y cada pueblo se vuelve un posible mercado o una fuente de recursos (materiales o humanos) explotables para nuevos mercados. Varios son los perdedores de esta guerra. Uno de ellos es el estado-nación, que pasa a un plano secundario. Por un lado, se pierden o desarticulan los mercados locales y nacionales ante el poderío de los grandes centros financieros y los capitales transnacionales. Por el otro, las políticas neoliberales dictan la sistemática reducción de las funciones de bienestar social del estado, reduciéndolo a su dimensión represiva. Escribe el Subcomandante Marcos:
En el cabaret de la globalización, tenemos el "show" del Estado sobre una "table dance" que se despoja de todo hasta quedar con su prenda mínima indispensable: la fuerza represiva. Destruida su base material, anuladas sus posibilidades de soberanía e independencia, desdibujadas sus clases políticas, los Estados Nacionales se convierten, más o menos rápido, en un mero aparato de "seguridad" de las megaempresas que el neoliberalismo va erigiendo en el desarrollo de esta IV Guerra Mundial.[3]
Privatización de todos los servicios: educación, salud, telefonía, agua, electricidad, carreteras, transporte, fondos de jubilación. Al mismo tiempo, un aumento dramático en gastos militares y policiales. En el México actual, esta fórmula no puede ser más clara. Mientras los servicios sociales se limitan más y más, el país se militariza y las fuerzas represivas actúan con creciente violencia e impunidad, con la complicidad de los medios de comunicación y la indiferencia general. En menos de dos años, un número de atropellos que en otros tiempos habrían provocado un escándalo internacional pasaron relativamente desapercibidos y completamente impunes. Según Adolfo Gilly,[4] la represión en San Salvador Atenco en mayo del 2006 sentó un nuevo precedente de represión en la historia mexicana. “Nunca, ni siquiera en el 68, se había utilizado la violación sistemática de hombres y mujeres para sembrar el terror en una población.” Ese mismo año, en nombre de la “legalidad” y del “estado de derecho”, se cometieron innumerables violaciones de derechos humanos en Oaxaca, culminando con la brutal e histórica represión del 25 de noviembre y el subsiguiente estado de terror que se instaló en ese estado. En Chiapas, las 79 bases militares instaladas en territorio zapatista han sido reforzadas en los últimos años con Fuerzas Especiales y unidades elite sin jurisdicción para operar en Chiapas. Al mismo tiempo, ha habido, desde diciembre de 2006, una escalada sin precedentes de actividades paramilitares que, a todas vistas, no sólo están financiadas por los gobiernos federal y estatal, sino que operan en coordinación con la Secretaría de Reforma Agraria, Secretaría del Medio Ambiente y Recursos Naturales, Comisión Nacional de Áreas Naturales Protegidas, Dirección General de Conservación para el Desarrollo, entre otras dependencias federales.[5] Como ilustra el caso actual de Chiapas, la represión militar y paramilitar viene de la mano de discursos supuestamente “concientes” propios de la democracia liberal —desarrollo sustentable, protección al medio ambiente— y de proyectos del capital multinacional —megaproyectos “ecoturísticos”, tala de madera, plantas hidroeléctricas, explotación petrolera.
Pero los grandes perdedores de esta Cuarta Guerra Mundial son los millones de seres humanos que no caben en la ecuación de este “nuevo orden mundial”. La mecanización del campo y la aplicación a nivel mundial de los esquemas de la “Revolución Verde”, además de empobrecer la alimentación en todo el mundo, dejan sin lugar a millones de campesinos que, no teniendo otra opción, migran a las ciudades o a países del dicho Primer Mundo. Pero en las ciudades tampoco hay lugar para ellos, ni lo hay —como queda en evidencia ante la reciente ola de violencia y legislación anti-inmigrantes en Estados Unidos y Europa— en los países dichos desarrollados. El resultado: millones de desplazados sin lugar en el mundo.
La estrategia del neocapitalismo, según en análisis zapatista, consiste en un proceso de destrucción y despoblamiento, seguido de reconstrucción y reordenamiento. Este análisis, cuya articulación escrita data de 1997, fue confirmado en la práctica durante la gira de la Otra Campaña en 2006. Una y otra vez, en todo el territorio nacional, la Otra Campaña escuchó las más diversas historias que, sin embargo, demostraban el mismo proceso: destrucción de los territorios y del medio ambiente (desvío de agua de poblaciones enteras para uso de grandes empresas, devastación de bosques, ríos y mares, destrucción de la agricultura, prohibición de fuentes tradicionales de supervivencia como la pesca y el corte de madera para consumo familiar); despoblamiento ante la falta de medios de subsistencia o ante el arrebato de tierras; reconstrucción en la forma de megaproyectos turísticos, plantas hidroeléctricas, aeropuertos, carreteras, campos de golf, etc.; y, finalmente, reordenamiento tanto económico—con el empobrecimiento de la gran mayoría y el enriquecimiento de una minúscula minoría— como social y cultural, con el desplazamiento de grandes poblaciones y la destrucción de formas de vida.
¿Cómo enfrentar esta nueva forma de capitalismo global que todo abarca, que todo destruye y cuyo eje no se encuentra identificable en la figura del Estado, sino en el difuso, intangible pero omnipresente poderío del capital? La respuesta zapatista consiste justamente en el ejercicio y la articulación de las autonomías, por un lado, y el fortalecimiento de lo nacional, por el otro.

La autonomía como alternativa

En “Sangre y tinta del kitsch tropical”, Roger Bartra hace un número de críticas a la autonomía indígena que, si bien provienen de un completo desconocimiento de la autonomía practicada por los pueblos zapatistas, vale la pena discutir, pues hacen eco a toda una serie de mitos y malentendidos sobre el concepto de la autonomía.
Por un lado, para Bartra, como para muchos críticos, la idea de la autonomía indígena es una “tendencia fundamentalista” (y, añade: “sacada por la izquierda del polvoriento arcón soviético”). Para estos críticos, la autonomía y la autodeterminación de acuerdo a “usos y costumbres” significarían un retorno a un pasado idealizado que, por un lado, romantiza las culturas indígenas por medio del mito (proveniente del imaginario europeo) del “buen salvaje” y, por otro lado, ofrece como solución para problemas contemporáneos la aplicación de “usos y costumbres” primitivos que poco o nada tienen que ver con la democracia representativa y que, de hecho, tienden a la violencia y al autoritarismo. Además, argumenta, el supuesto retorno a formas indígenas de autogobierno poco tiene en realidad de indígena, pues en buena medida los actuales “sistemas normativos étnicos” no son más que una “transposición (real o imaginaria) de formas coloniales de dominación”.
Bartra hace un recuento de las características que “los etnólogos han observado en diversos pueblos indígenas del México moderno y posrevolucionario”, y apunta a su probable origen colonial. Podríamos resumir las cuatro características enumeradas por Bartra como: concentración del poder en manos de un gobernador o cacique; elecciones por medio de consejos de ancianos o asambleas (que caracteriza como endebles formas democráticas); fusión de poderes civiles y religiosos; carácter extremadamente autoritario del ejercicio del poder. Concluye Bartra:
En síntesis, los sistemas normativos indígenas –o lo que queda de ellos– son formas coloniales político-religiosas de ejercicio de la autoridad, profundamente modificadas por las guerras y la represión, en las que apenas puede apreciarse la sobrevivencia de elementos prehispánicos. Estas formas de gobierno han sido profundamente infiltradas y hábilmente manipuladas por los intereses mestizos o ladinos y por la burocracia política de los gobiernos posrevolucionarios, con el fin de estabilizar la hegemonía del Estado nacional en las comunidades indígenas. Los ingredientes que podríamos calificar de democráticos son muy precarios; se reducen al plebiscito y al ejercicio de una democracia directa en asambleas, donde las mujeres y las alternativas minoritarias suelen ser excluidas o aplastadas.
Estas críticas no son exclusivas de Roger Bartra. Muchos intelectuales, inclusive de izquierda, repiten argumentos similares,[6] sin nunca haber estudiado la autonomía zapatista en la práctica (o los muchos otros ejemplos de movimientos autonomistas en el país).
Buena parte del argumento de Bartra está basado en una falacia. Cuando los pueblos indios hablan de autonomía y de usos y costumbres, no hay ninguna pretensión “fundamentalista”. Para ellos, no se trata de un retorno a alguna esencia prehispánica inmaculada por cinco siglos de historia. Ni los usos y costumbres ni las tradiciones ni la misma noción de la identidad pretenden ser estáticos, ni derivan su legitimidad de una supuesta autenticidad histórica de sus raíces precolombinas. Al contrario, su legitimidad se deriva justamente de su dinamismo, de su actualidad histórica. La especificidad que fundamenta el reclamo indígena a la autonomía proviene de una cosmovisión particular, derivada no sólo del recuerdo prehispánico sino, sobre todo, de cinco siglos de resistencia. Como menciona Bartra, los pueblos indios sin duda han sido manipulados y violentados por los intereses de las élites y por los gobiernos de todos los tiempos. Pero pensarlos como víctimas pasivas es otra forma de violencia que, mientras pretende interesarse por la explotación y marginación que han sufrido, les roba la capacidad de autodeterminación e ignora su larga historia de resistencia.
La práctica de la autonomía zapatista no sólo contradice las cuatro características que según Bartra definen las formas de gobierno indígenas; también demuestra que, lejos de pretender ser un retorno a un pasado estático e idealizado (lejos de negar la modernidad para buscar una supuesta premodernidad esencialista), busca la creación de una modernidad alternativa en el contexto del capitalismo globalizado. Nada más distante del autoritarismo vertical descrito por Bartra que la horizontalidad democrática de las juntas de buen gobierno. Nada más distante de la exclusión de mujeres en la toma de decisiones que la participación activa de mujeres en las juntas de buen gobierno, en los consejos municipales autónomos, en las filas del Ejército Zapatista y en el mismo Comité Clandestino Revolucionario Indígena del EZLN. Nada más distante de la “fusión de los poderes civiles y religiosos” que el secularismo de los gobiernos zapatistas, donde la división de dichos poderes es infinitamente más clara que en el gobierno del PAN.
Pero, sobre todo, lo que caracteriza la autonomía zapatista es su fluidez, su continua evolución. “Nosotros no tenemos las respuestas”, repiten los zapatistas una y otra vez.[7] Dos ejemplos específicos demuestran la voluntad autocrítica y el deseo de repensar, adaptar o transformar usos y costumbres para responder a necesidades prácticas y a la búsqueda de la justicia. Una es el reconocimiento por parte de los zapatistas, desde antes del levantamiento, de la injusticia y la violencia de los usos y costumbres hacia la mujer. La Ley Revolucionaria de Mujeres, promovida por comandantas del Ejército Zapatista, las prácticas de inclusión en las estructuras del gobierno autónomo, la concientización de la población a través de Radio Insurgente y de muchos otros programas e inclusive la realización del Encuentro de Mujeres Zapatistas con las Mujeres del Mundo a final de diciembre de 2007, son todos esfuerzos constantes por desafiar el peso de tradiciones opresoras.
Otro ejemplo, quizás menos visible pero no menos revelador, es el caso de la medicina tradicional. Cuando los zapatistas, en respuesta a la abismal precariedad de servicios médicos disponibles para las comunidades indígenas, decidieron construir sistemas autónomos de salud, una de las prioridades fue recuperar antiguas tradiciones en proceso de extinción (hueseros, parteras y manejo de plantas medicinales). Según los usos y costumbres, dichos conocimientos no son transmisibles a cualquier persona; el ser un médico tradicional es un don, no algo que se aprenda en una escuela. Pero los zapatistas reconocieron que esta creencia por un lado aseguraba un verdadero caciquismo de la salud y, por otro, condenaba esos conocimientos a la extinción. Así, a través de un largo proceso de convencimiento, se logró que un buen número de médicos tradicionales se prestaran a preparar promotores de salud, quienes, a su vez, enseñarían a nuevas generaciones. Así, la negación de una tradición centralizadora y caciquista permitió el resurgimiento de tradiciones que mucho han beneficiado la vida de cientos de pueblos en resistencia.
Otro aspecto de la autonomía zapatista es su continuo contacto con una multiplicidad de experiencias nacionales e internacionales que desafían sus propias nociones de tradición y los impulsan a una continua reevaluación de los usos y costumbres, sin que eso signifique un debilitamiento de la identidad indígena a través de la “infiltración” de valores y costumbres exógenos. Al contrario, justamente porque ni la identidad ni las tradiciones se entienden de forma esencialista, ese diálogo sirve para fortalecer la identidad y la conciencia como pueblos en resistencia. Al mismo tiempo, ese contacto inspira y alimenta una tan prodigiosa variedad de luchas autonomistas en todo el mundo, que difícilmente se puede hablar de fundamentalismos primitivistas, de la nostalgia del buen salvaje y demás argumentos que ni conocen los novedosos experimentos en autodeterminación indígenas en la práctica ni entienden las implicaciones de la propuesta autonomista más globalmente como respuesta a un análisis de la situación mundial.
La iniciativa lanzada con la Sexta Declaración de la Selva Lacandona, publicada por el EZLN el verano del 2005, ofrece una visión del concepto de la autonomía que va mucho más allá que el de la autodeterminación indígena, pero que se inspira en los más de diez años de su construcción en territorio rebelde. Lo que la Sexta propone es la puesta en práctica, de forma articulada, de lo que ya desde los primeros años del levantamiento los zapatistas veían como el contrapunto al poder del capital globalizado: la globalización de la resistencia. A nivel nacional, la Otra Campaña es la puesta en práctica de dicha propuesta, inicialmente a partir del recorrido del Subcomandante Marcos (rebautizado para este propósito como Delegado Zero) por todo el territorio nacional, para escuchar a los más marginados y excluidos, los que no caben en la fórmula del “nuevo orden mundial”. El recorrido creó espacios de encuentro inusitados, en los cuales sectores sociales que difícilmente se habrían encontrado y mucho menos dialogado pudieron no sólo expresarse y escucharse mutuamente, sino, a partir de esos intercambios, identificar puntos de contacto y problemas comunes, para empezar a desarrollar un entendimiento de la exclusión, explotación y marginación como resultado de un sistema global que a todos los afecta por igual. Recuperar el sentido de comunidad negado por el neoliberalismo y la globalización y encontrar fuerza en la diversidad y puntos de encuentro con el Otro, para, a partir de eso, comenzar a construir una red de autonomías, son algunas de las propuestas de la Otra Campaña. Así, el concepto de la autonomía pasa a ser no sólo reivindicación de pueblos autóctonos, sino eje de lucha para resistir el capitalismo globalizado. Teniendo como enemigo no un Estado, sino un sistema mundial de explotación controlado por los grandes centros financieros, la resistencia no puede pasar a la toma del poder sin cambiar profundamente sus estructuras y, sobre todo, sin construir realidades alternativas fuera de la lógica de ese sistema global. Demostrar, en la práctica, las falacias de un discurso hegemónico naturalizado que dice que, fuera de la globalización capitalista y de la democracia liberal, no hay alternativas posibles.
El concepto de la identidad, en esta propuesta, es fundamental. “Un mundo donde quepan muchos mundos” —la utopía zapatista implica que cada uno de esos mundos se defina como tal, se entienda como tal, y encuentre, en una serie de características y visiones comunes, un sentido de unión y de comunidad. La crítica posmoderna a la noción de la identidad contiene dos ejes. Por un lado, el carácter de la identidad como construcción social, como invención; por otro, el potencial homogenizador, intolerante, fundamentalista de dichas nociones de identidad. No es novedad que, históricamente, los grupos humanos desarrollan sistemas de identificación común para responder a necesidades prácticas de supervivencia. En 1835, un movimiento de esclavos africanos musulmanes casi logró derrotar el gobierno portugués de Bahia, Brasil. Los esclavos provenían de diferentes regiones, muchas de ellas desencontradas por guerras ancestrales. Sin embargo, en Brasil desarrollaron una identidad “malê”, que les permitió organizar uno de los levantamientos más importantes de la historia de la esclavitud en ese país. Rechazaban a los negros nacidos en Brasil y a los mulatos, y se consideraban plenamente africanos. Después del levantamiento, el gobierno de Bahia mató a muchos y deportó a los más, mandando varios navíos a la costa de Lagos, actual Nigeria.[8] Allá, imposibilitados de regresar a sus tierras de origen y enfrentando la hostilidad de los habitantes del lugar, pasaron a reconocerse como “brasileños”, identidad que les permitió sobrevivir como colectividad. Son estos “brasileños” los responsables por muchas tradiciones culinarias, arquitectónicas y demás, que le dan a Lagos un carácter curiosamente americano.
Al mismo tiempo, la construcción de la identidad es no pocas veces problemática, resultado de un proceso histórico de conflicto y herramienta de control y de dominación. Las nociones de identidad nacional son ejemplares en este sentido. En México, durante siete décadas, el Partido Revolucionario Institucional hizo suyos los no siempre tan revolucionarios logros de la Revolución y forjó con ellos un discurso de identidad nacional que contribuyó en buena medida a que se convirtiera, en las palabras de Mario Vargas Llosa, en la dictadura perfecta latinoamericana.
Para el zapatismo, la identidad no puede funcionar como eje efectivo de lucha si no se entiende como un concepto dinámico. Como hemos visto, la adaptación de influencias, la adopción de prácticas exógenas, la incorporación, inclusive, de formas de entender el mundo en la propia cosmovisión que define la identidad, no sólo no se opone sino que fortalece la propia colectividad. Y esto se aplica no sólo a la identidad de grupo, sino también a la identidad nacional.

Nacionalismo a la zapatista

La reivindicación nacionalista del zapatismo es frecuente blanco de duras críticas inclusive por parte de individuos y organizaciones que conocen profundamente sus propuestas y hacen suyas sus luchas en diversos lugares del mundo. Las experiencias desastrosas a las que han llevado los diferentes nacionalismos en la historia europea y la afirmación de una superioridad ética y de un destino manifiesto en el nacionalismo estadounidense llevan a luchadores sociales en esos países a rechazar cualquier tipo de nacionalismo como eje de lucha. Además, se critica el uso tan notorio de símbolos nacionales —como la bandera y el himno—que se han usado a través de la historia como mecanismos de imposición, de control y de opresión. Finalmente, estos críticos apuntan al carácter artificial y violento de la definición tanto de las fronteras como de la propia noción de “lo nacional”.
De cierta manera la defensa de lo nacional por parte del movimiento se puede entender como una postura estratégica ante las acusaciones, por un lado, de extranjerismo —el nacionalismo aquí siendo utilizado por el gobierno de Carlos Salinas de Gortari para desprestigiar el movimiento como producto de la “infiltración” de elementos extranjeros que estarían manipulando a los indígenas, quienes, por otro lado, se considerarían incapaces de ser protagonistas de su propia historia— y, por otro, de separatismo. Cuando los y las comandantes y comandantas del Ejército Zapatista se presentaban durante las primeras conversaciones de paz celebradas en San Cristóbal de las Casas, lo hacían diciendo su nombre seguido de su origen étnico maya y de la aclaración: “cien por ciento mexicano”. La afirmación rebatía ambas acusaciones pero hacía mucho más: exigía, con las armas y con la palabra, su inclusión, como indígenas, en la definición de la nación mexicana.
Quizás una de las más importantes victorias del zapatismo fue que logró desafiar el ya de por sí tambaleante nacionalismo posrevolucionario. El mito de la nación mestiza —el mestizaje como eje fundamental de la identidad nacional—, que en principio tuvo la virtud de enfrentar el eurocentrismo reinante en el porfiriato y las teorías raciales positivistas de finales del siglo XIX, sirvió como mecanismo homogenizador que excluía a la población indígena. El indígena en el discurso del mestizaje tiene un papel en la construcción de la nación en la medida en que sea capaz de integrarse a la sociedad hegemónica, deshaciéndose de todo aquello que lo diferencia de ella. El nacionalismo zapatista, así, se explica como una reivindicación de participación equitativa de una población por 500 años excluida, no por medio de la integración sino desde el posicionamiento como distinta. Esa otredad, en la Otra Campaña, se vuelve el fundamento de un nuevo entendimiento de la noción de lo mexicano —de la identidad nacional y del concepto de nación— que consistiría en la articulación de autonomías e identidades particulares, polifonía de otredades que conforman un universo común con características múltiples, dinámicas, en perpetuo flujo y redefinición.
Al mismo tiempo, el nacionalismo zapatista representa un desafío a otro aspecto del discurso posrevolucionario sobre “lo mexicano”, y que se puede leer ya desde el inicio de la Revolución en la obra de Mariano Azuela, Los de abajo. Azuela dibuja un panorama de la Revolución que revela el despropósito de una lucha que, nacida de la desesperación ante los extremos del abuso y la explotación, se extravía en la barbarie de una violencia que no conoce su propia razón de ser, desembocando en una caída general en una brutalidad incontrolada que da rienda suelta a los más bajos instintos del ser humano. La novela apunta a la “naturaleza” del “mexicano” como la causa de este extravío, la “mueca pavorosa y grotesca a la vez de una raza (…) irredenta”.[9] Una raza impulsiva, feroz, cruel por naturaleza, que no le teme a la muerte porque poco valora la vida.
Este discurso sobre la naturaleza del mexicano fue perspicazmente utilizado por los gobiernos posrevolucionarios para controlar las explosiones sociales por medio del miedo a la “barbarie” mexicana. El fatalismo ante la impulsividad, violencia, irresponsabilidad y egoísmo supuestamente típicos del “mexicano”, en particular de “los de abajo”, se utilizan para llevar a la población a la inmovilidad y al desencanto anticipado ante cualquier movimiento social de resistencia al poder. Con la Primera Declaración de la Selva Lacandona, esta visión se revierte:
Somos producto de 500 años de luchas: primero contra la esclavitud, en la guerra de Independencia contra España encabezada por los insurgentes, después por evitar ser absorbidos por el expansionismo norteamericano, luego por promulgar nuestra Constitución y expulsar al Imperio Francés de nuestro suelo, después la dictadura porfirista nos negó la aplicación justa de leyes de Reforma y el pueblo se rebeló formando sus propios líderes, surgieron Villa y Zapata, hombres pobres como nosotros a los que se nos ha negado la preparación más elemental para así poder utilizarnos como carne de cañón y saquear las riquezas de nuestra patria sin importarles que estemos muriendo de hambre y enfermedades curables, sin inmortales que no tengamos nada, absolutamente nada, ni un techo digno, ni tierra, ni trabajo, ni salud, ni alimentación, ni educación, sin tener derecho a elegir libre y democráticamente a nuestras autoridades, sin independencia de los extranjeros, sin paz ni justicia para nosotros y nuestros hijos.
Pero nosotros HOY DECIMOS ¡BASTA!, somos los herederos de los verdaderos forjadores de nuestra nacionalidad, los desposeídos.
Los desposeídos son los “verdaderos forjadores de nuestra nacionalidad”, producto de 500 años de luchas. Las presencia de la comandanta Ester ante el Congreso de la Unión ­—una mujer indígena, comandanta de un ejército guerrillero que moviliza millones de mexicanos y llega sin armas para exigir la participación equitativa de los excluidos en el proyecto nacional— confronta y revoluciona tanto el discurso de la nación mestiza como el del México bárbaro.
La Sexta Declaración, quizás sin proponérselo, produjo también una serie de cuestionamientos sobre las fronteras físicas y mentales de “la nación” y, por lo tanto, del concepto mismo de lo nacional. Al proponer la inclusión de mexicanos y chicanos en Estados Unidos como parte de la lucha nacional de la Otra Campaña, la iniciativa cruzó la frontera y generó nuevas formas de pensar lo nacional. Al mismo tiempo, se propuso el concepto de la Otra Geografía: un concepto fluido, ambiguo, indefinido, que, en vez de reconocer las fronteras históricamente impuestas por el poder, dibujaría nuevos mapas a partir de realidades sociales mucho más complejas y, frecuentemente, antagónicas a la geografía oficial. Al pensar la Otra Geografía de manera transnacional, surgieron fenómenos inesperados, movimientos que se definen como mexicanos y como parte de la Otra Campaña y, por lo tanto, comprometidos con un cambio nacional (o sea, con México), a través de acciones que responden a su propia realidad local. En el barrio de East Harlem, en Nueva York, el Movimiento por Justicia en el Barrio, compuesto por migrantes mexicanos, adopta formas de lucha zapatistas (como las consultas, los encuentros, la organización horizontal, la toma de decisiones por consenso) para resistir el desplazamiento por las fuerzas de la especulación inmobiliaria. Son adherentes a la Sexta Declaración de la Selva Lacandona, se consideran mexicanos y entienden su lucha como parte del movimiento “nacional” de la Otra Campaña. Pensar que la lucha por la vivienda justa y contra la discriminación en los barrios más pobres de Nueva York es a la vez una lucha local y una lucha “nacional” mexicana y, al mismo tiempo, que la lucha de los migrantes en Estados Unidos no puede separarse de la lucha por justicia y dignidad en México es reflejo de nuevas formas de pensar la resistencia de manera transnacional, reconociendo que los lazos sociales, culturales, económicos y políticos derivados de las migraciones forzosas y del desplazamiento generado por la globalización son mucho más sólidos que las fracturas impuestas por las fronteras físicas, por más violentas que éstas sean.
Todo esto es indicador de cambios en las formas de concebir la nación y la identidad como respuesta a los desafíos planteados por las fuerzas homogeneizadoras de la globalización, y que representan, de hecho, una globalización de la resistencia y una redefinición de la geografía, de la identidad y del nacionalismo.


Bibliografía

Azuela, Mariano. Los de abajo. Paris: ALLCA XX, 1988.
EZLN, “Primera Declaración de la Selva Lacandona”. Chiapas, 1993.
EZLN, “Sexta Declaración de la Selva Lacandona”. Chiapas, 2005.
Reis, João José. Rebelião escrava no Brasil: a história do levante dos malês. São Paulo: Companhia das Letras, 2003.
Roger Bartra, "Sangre y tinta del kitsch tropical", Fractal n° 8, enero-marzo, 1998, año 2, volumen III, pp. 13-46.
Slavoj Žižek, “Resistance is Surrender”. In London Review of Books. vol. 29, n° 22, 15 de noviembre de 2007.
Subcomandante Insurgente Marcos. “Siete piezas sueltas del rompecabezas mundial”. Chiapas: EZLN, junio de 1997.
Subcomandante Insurgente Marcos. “Siete preguntas a quien correspondan: imágenes del neoliberalismo en México de 1997”. Chiapas: EZLN, enero de 1997.
Subcomandante Insurgente Marcos. “Un periscopio invertido (o la memoria, una llave enterrada)”. Chiapas: EZLN, febrero de 1998.
Tierra sagrada. Chiapas: Promedios. 2000.


[1] “Resistance is Surrender”. In London Review of Books. Vol. 29, No. 22, 15 de noviembre de 2007.
[2] Ver, por ejemplo, “Siete piezas sueltas del rompecabezas mundial”, “Siete preguntas a quien corresponda”, “Un periscopio invertido (o la memoria, una llave enterrada)”, “¡Oximoron! (la derecha intelectual y el fascismo liberal)”, “Otra geografía”.
[3] “Siete piezas del rompecabezas mundial”.
[4] Conferencia de prensa, Universidad de la Ciudad de México, julio de 2006.
[5] Ver informes del Centro de Análisis Político e Investigaciones Sociales y Económicas (CAPISE): www.capise.org.mx
[6] En septiembre de 2006 (y por lo tanto a 3 años de la fundación de los caracoles y de las juntas de buen gobierno zapatistas) Denise Dresser, en una plática en la Universidad de California en Berkeley, criticó la autonomía indígena como fundamentalista, antidemocrática y tendiente a la violencia.
[7] En los recientes Encuentros entre los Pueblos Zapatistas y los Pueblos del Mundo, realizados en territorio rebelde, tanto bases de apoyo como autoridades zapatistas insistieron una y otra vez que la autonomía no se construye a partir de ideas preconcebidas, sino a través de un proceso de continua consulta, revisión y adaptación a las realidades de su ejercicio.
[8] Ver Reis, João José. Rebelião escrava no Brasil.
[9] Azuela, p.128.

Tuesday, August 05, 2008

Letter to the Editor, NYT (published!)

To the Editor:

In “The Laws Cops Can’t Enforce” (Op-Ed, July 31), George Gascón effectively documents the risks to constitutionality and social justice posed by a status quo lacking a comprehensive domestic immigration policy.

But no legislation, however comprehensive, will succeed without an international component. The most important step Washington can take to control immigration would be to help reduce poverty in Mexico and Central America, lessening the economic need that pushes the poor north.

Daniel Nemser
San Francisco, Aug. 1, 2008

Friday, March 14, 2008

Tenure for Prof. Andrea Smith!

Dear Professors Sullivan, Monts, and Coleman:

As a U of M alumni, I am writing to voice my concern about the negative decision in Professor Andrea Smith's tenure case. Professor Smith's academic achievements (including publishing three books, editing or co-editing three others, publishing 15 articles in peer-reviewed academic journals, as well as receiving numerous prestigious awards and fellowships) are well known and hardly require mention; her work with students has been exemplary; and, to top it off, she was even nominated for a Nobel Peace Prize in 2005. In an academic sense, then, she is the kind of faculty member the University of Michigan could be immensely proud of. The Program in American Culture recognized this, and was right to give her a positive recommendation in the tenure proceedings.

What worries me most, however, is the not so subtle message this decision sends: that those academics who actively pursue connections with the community beyond the walls of the university, particularly in the interest of social justice, will be punished. I am currently a graduate student at the University of California, Berkeley, where a similar case recently took place. Professor Ignacio Chapela, in the Department of Environmental Science, Policy, and Management, was denied tenure in a suspicious decision that came soon after he published an article in the highly-respected scientific journal Nature, showing his findings of genetic contamination in the DNA of corn in Oaxaca, Mexico -- despite the assertions of Monsanto that such spread was impossible. Monsanto's manipulation was so clear that student groups immediately began to organize on Professor Chapela's behalf. After a long struggle, the dean decided to reconsider the decision and today, Professor Chapela is an associate professor in the department of ESPM -- with tenure.

I sincerely hope that, as in the case of Professor Chapela at UC Berkeley, the LS&A Provost will rethink Professor Smith's case. If not, the university will be, in essence, locking the doors and reinforcing the walls of the "ivory tower," sending a clear message that the academy shall not mix with the outside world. Students will not be the only losers of this decision -- the academy as a whole will suffer.

Sincerely,
Daniel Nemser
LS&A, Class of 2002

-------------------


Thank you for your letter of support regarding the promotion and
tenure review of Andrea Smith, Assistant Professor, in the Program in
American Culture and the Department of Women's Studies. The awarding
of tenure is one of the most important decisions that we make in the
academe, and we take our responsibility very seriously.

It might be helpful if I briefly summarize the tenure review process
at the University of Michigan. We have 18 schools and colleges that
have an explicit set of procedures for promotion and tenure review of
their faculty. In all cases, promotion recommendations are evaluated
at multiple levels, beginning with the local unit (typically
departmental) and continuing through a review by school/college level
committee(s). The casebooks are then forwarded to the Provost for
review and, in consultation with the President, recommendations to
award tenure are made to the Board of Regents.

I appreciate your concerns and your disagreement with the college’s
decision not to recommend tenure. These decisions are complex and
multifaceted, and those making the judgments must take into
consideration many factors, including some specific to the individual
and others of broader departmental or institutional significance.

Again, let me thank you for your letter of support for Professor Smith.

Teresa A. Sullivan
Provost and Executive Vice President for Academic Affairs
University of Michigan

------------------

More info here

Online petition here

Sunday, February 24, 2008

Letter to the Editor, NYT (unpublished)

To the Editor:

Eduardo Porter asserts that NAFTA has not displaced small-scale Mexican farmers ("Nafta Is a Sweet Deal, So Why Are They So Sour?," Feb. 11). In fact, as food critic Michael Pollan wrote in this paper last April, the arrival of heavily subsidized corn from the U.S. has forced about 2 million farmers off their land. The country's weak economy provides few jobs for these migrants in the cities, thus forcing them across the northern border where, in a cruelly ironic twist, many find themselves working for the very agricultural economy that displaced them in the first place. The tens of thousands of farmers who marched through Mexico City last week aren't stupid -- they know when their livelihoods are under attack.

Daniel Nemser

Tuesday, January 22, 2008

Letter to the Editor, NYT (unpublished)

To the Editor:

There is an even more gaping hole in the immigration debate that both Democrats and Republicans have ignored ("One Argument, 12 Million Holes," editorial, Jan 18). Even if the U.S. could somehow seal off the southern border and deport every single illegal immigrant, economic malaise in Mexico and Central America would continue to push the poor and unemployed north. A truly comprehensive immigration policy must address U.S.'s role in exacerbating poverty in Latin America, through policies such as agricultural subsidies and NAFTA-style free trade deals.

Daniel Nemser

Thursday, September 27, 2007

Letter to the Editor, NYT (unpublished)

To the Editor:

While I appreciate your coverage of the EPR ("With Bombings, Mexican Rebels Escalate Their Fight," Sept. 26), you draw connections far too easily between them and the Popular Assembly of the Peoples of Oaxaca (APPO, for its Spanish acronym). While the former is a revolutionary group fighting to overthrow the Mexican state, the latter is a broad coalition of civil society and political organizations that united to confront the notoriously corrupt and repressive government of the dinosaurian PRI in Oaxaca state. The assembly, which makes strives to make decisions based on consensus, formed spontaneously in response to the state's decision to repress a teachers' strike in June 2006 and has faced continued mortal attacks, unwarranted arrests, and propagandistic media blitzes to the present day.

Instead of identifying "anger among radical leftists" as the primary cause of these bombings, as well as the upsurge of progressive organizing throughout the country (the APPO and the Zapatistas are notable examples), I would have pointed to the devastation left by neoliberal economic policies and violent political repression.

Daniel Nemser

Saturday, September 15, 2007

Check out Radio Zapatista's Latest Show

Listen here.

We report on the ongoing repression in the Zapatista community of 24 de diciembre as well as immigration issues in San Francisco and the Bay Area.

Also, be sure to visit our website, where you can find the most recent news and updates about Zapatista-inspired events going on in the Bay Area. We also invite you to share your comments about our show with us, by emailing us at radiozapatista@gmail.com. Starting next month, we'll be opening up a space on our show to respond to our listeners' comments.

Letter to the Editor, NYT (unpublished)

To the Editor,

Re "Hobbling Mexico's Democracy" (editorial, Sept. 13): I strongly disagree with your assessment of Mexico's Federal Electoral Institute (IFE in Spanish). Not only did the organism ignore illegal campaign advertising, as you note, but it did nothing to prevent (or later punish) then-President Vicente Fox's unconstitutional participation in Felipe Calderon's campaign. Furthermore, even the IFE admitted that electoral fraud had occurred, that ballots had been fixed or miscounted -- the only response was that it wasn't enough to affect the results. How that was determined remains unclear.

A common graffiti I saw last year in Oaxaca when I was reporting on the Mexican election comes to mind: IFE = Instituto de Fraude Electoral.

Daniel Nemser

Thursday, September 13, 2007

Escucha el último programa de Radio Zapatista

Haz clic aquí.

Represión y resistencia en México y Estados Unidos. Entrevista a Gloria Muñoz Ramírez sobre robo de intimidación a su casa y situación de represión en el país. Reportaje sobre la comunidad 24 de Diciembre. Átaque paramilitar contra zapatistas del municipio Olga Isabel y desalojo de comunidades en Montes Azules. Represión contra migrantes en Estados Unidos. (56 min)

Tu opinión nos importa! Checa nuestra página web o escríbenos a radiozapatista@gmail.com.

Monday, August 27, 2007

Cartas de protesta: Hostigamiento contra Gloria Muñoz

Cartas de Protesta publicadas en La Jornada


Eureka protesta una vez más por la represión en cadena que se impone desde el Estado a partir de los tres niveles del poder sobre los periodistas que cubren los movimientos sociales autónomos e independientes en toda la República.

Nos referimos al cateo y robo al domicilio de la columnista de La Jornada, Gloria Muñoz, la cual se ha distinguido por su honestidad, objetividad y congruencia para cubrir las fuentes de los movimientos sociales y campesinos.

Hoy el Estado demuestra por millonésima vez, que en la práctica una de las caras de un poder ilegítimo, débil y corrupto es el miedo y que su complicidad para violar la ley con el poder militar es una constante, es así como para obtener información de la disidencia, se roban los archivos de quien sobre ello escribe, sin la menor duda buscan con ello establecer la represión selectiva. Exigimos por ello la investigación del robo de los archivos de Gloria Muñoz y el castigo a los responsables aunque aún no sabemos cómo, si son ellos mismos los culpables, a pesar que las mismas normas jurídicas de este estado establecen: “que no se puede ser juez y parte del delito”.

Eureka: Rosario Ibarra, Claudia, Rosario y Carlos Piedra, Celia Piedra, Leticia Tecla, Jennifer Sánchez, David Sánchez, Matilde González, Daniel Rodríguez, Inti Martínez, Laura Gaytan, Sara Hernández, Tania Ramírez y Pavel Ramírez, Luz Morales, Concepción Ávila, Priscila Chávez, Juan Macías, Mario Cartagena, Acela Ocaña, Hulda Soyano, Ofelia Maldonado, Elisa Gutiérrez, Georgina Tecla, Anabel Mañón


Exigen aclarar agresión contra columnista de La Jornada

La agresión que sufrió nuestra compañera Gloria Muñoz Ramírez, miembro del equipo editorial y reportera de Ojarasca, así como columnista de La Jornada, representa una alarmante llamada de atención sobre el rumbo que están tomando las libertades civiles y de expresión. El gobierno de Felipe Calderón ya se abrió el camino para “legalizar” atropellos, encarcelamientos y espionaje sin mediar requerimientos judiciales de ningún tipo. Los allanamientos, robos y ataques a las garantías individuales se han convertido en marca de fábrica del actual régimen.

Los operativos de inteligencia militar como el que presumiblemente afectó a nuestra compañera en su domicilio en la ciudad de México son un síntoma más de la guerra sucia que avanza en el país. Gloria Muñoz ha cubierto el movimiento zapatista de Chiapas desde enero de 1994, y en años recientes amplió su trabajo a las resistencias autonómicas de México y el mundo. En la médula de su labor están precisamente violaciones gubernamentales como la que acaba de experimentar en carne propia, y que no fue un “asalto” común.

Exigimos una respuesta pública del Estado mexicano ante estos hechos, el cese de las agresiones anticonstitucionales, la restitución inmediata e integral de los archivos y posesiones personales robados a nuestra valerosa compañera, quien ya ha recibido amenazas de muerte y hostigamientos por parte de los servicios de seguridad, sobre todo desde que la ultraderecha y el cinismo panista “gobiernan” el país.

Suplemento Ojarasca: Hermann Bellinghausen, Eugenio Bermejillo, Yuriria Pantoja Millán y Ramón Vera Herrera

Sunday, August 26, 2007

Asalto de intimidación a la casa de Gloria Muñoz

La Jornada: Asaltan el domicilio de columnista de La Jornada

La casa de la columnista Gloria Muñoz Ramírez fue asaltada en el transcurso de la presente semana. Los autores del ilícito se llevaron documentos, libros, periódicos y todo su equipo de trabajo, en un hecho que ha sido interpretado como intento de intimidación por la labor periodística que desarrolla en Chiapas, donde ha cubierto el conflicto zapatista desde 1994.
No es ésta la primera ocasión que la periodista, autora de la columna Los de abajo se ha visto sometida a este tipo de agresiones. Ha sufrido amenazas y espionaje telefónico, así como la intercepción de su correo electrónico y la vigilancia de todas sus actividades.
El pasado jueves, luego de cubrir en Chiapas el segundo Encuentro entre los Pueblos Zapatistas y los Pueblos del Mundo, Muñoz informó que regresó a la ciudad de México y que al llegar a su departamento se encontró con todo revuelto.
“Había un revoltijo muy aparatoso e intimidatorio”, puntualizó, luego de señalar que los ladrones se llevaron documentos de su archivo sobre el movimiento zapatista, una caja con fotografías personales, una maleta de libros, periódicos, revistas y todo su equipo de trabajo que consiste en computadora, grabadora, videograbadora y un reproductor de videodiscos.
Los asaltantes no tomaron ningún objeto de mediano valor –de la computadora sólo cargaron con la unidad central de proceso–; únicamente artículos que pudieran contener información.
Según el reporte de uno de sus vecinos, el miércoles dos hombres con corte militar salieron del edificio con dos maletas que corresponden a las señas de las que tenía en su hogar. Tenían llave del inmueble y probablemente también del departamento de la periodista, pues la puerta no fue forzada.
Gloria Muñoz llamó la atención sobre el hecho de que esta agresión se produce en el contexto de la represión actual contra los movimientos indígenas y campesinos que ha documentado. Entre ellos se encuentra el reciente desalojo en Montes Azules, Chiapas.
La periodista informó que de lo sucedido ya levantó denuncia ante las autoridades judiciales, quienes ayer efectuaron un primer peritaje.

Saturday, August 25, 2007

Denuncia de la Revista Rebeldía, sobre el robo a Gloria Muñoz

Denuncia de la Revista Rebeldía, sobre el robo a una compañera

Les informamos que personas desconocidas entraron a la casa de nuestra compañera Gloria Muñoz, mientras ésta se encontraba fuera de la ciudad, y le robaron 2 computadoras, libros, dinero, aparatos electrónicos que usaba para realizar su trabajo periodístico, todo su archivo periodístico sobre Chiapas desde 1994, fotografías personales, discos compactos, además de causar bastante desorden.

Los vecinos informan que el día miercoles 22 de agosto, entre las tres y cuatro de la tarde, vieron salir del departamento a dos sujetos, con corte de pelo tipo militar, uno con traje negro y el otro con chamarra, cargando dos grandes maletas, pero como llevaban llaves, del departamento y del edificio, no les dijeron nada, pues pensaron que eran conocidos de la compañera.

¿Simples rateros robando archivos personales y de trabajo? Suena raro. Por eso denunciamos ante la opinión pública esta agresión e intimidación hacia la compañera Gloria.

Revista Rebeldía

Friday, August 24, 2007

Reportaje especial sobre la comunidad zapatista 24 de Diciembre

Reportaje especial de 17 minutos (http://www.radiozapatista.org/ )

Radio Zapatista visitó la comunidad 24 de Diciembre para escuchar los testimonios de los pobladores y el caracol de La Realidad, para hablar con la Junta de Buen Gobierno. Este reportaje explica la situación de la comunidad, amenazada de despojo por la Unión de Ejidos de la Selva, la policía estatal y el ejército federal. Cuenta también, en la voz de los zapatistas, la resistencia pacífica y organizada al despojo.

Para escuchar: http://chiapas.indymedia.org/local/webcast/uploads/_mp3_/24dediciembre.mp3

Radio Zapatista visited the community to hear the testimonies of the inhabitants and to the caracol of La Realidad to talk to the Good Government Council. This special report explains, in the zapatistas´ own words, the threat of eviction from their lands by the peasant organization Union de Ejidos de la Selva, by the local police, and the army. It also recounts zapatista peaceful and organized resistance.

To listen: http://chiapas.indymedia.org/local/webcast/uploads/_mp3_/24dediciembre.mp3

Wednesday, August 22, 2007

Letter to the Editor, NYT (unpublished)

To the Editor:

Re "Bush's Talks With Neighbors Are Overshadowed By Storm" (Aug. 20): Your coverage would be more valuable if it reported less on natural obstacles and more on human ones. The protesters, who make a brief appearance in the final paragraph, are apparently against "the trade goals of the three nations" -- but these goals remain unspecified. The protesters therefore end up seeming both irrational (after all, who would oppose the goals of three sovereign, eminently reasonable nations?) and entirely negative (that is, without concrete, creative proposals). Many Mexican social movements protesting the violence and repression that comes with neoliberal globalization, however, have clearly expressed visions of alternative societies. I wonder if this picture would clear up if protesters, as well as politicians, were given the opportunity to share their opinions.

Sincerely,
Daniel Nemser

Tuesday, August 14, 2007

Escucha Radio Zapatista en Agosto

Dos audios:

1) II Encuentro entre los Pueblos Zapatistas y los Pueblos del Mundo. Reportaje sobre la construcción de la autonomía / Second Encuentro between the Zapatistas and the Peoples of the World. Report on the construction of autonomy (10 min. en español / in spanish). Haz clic aquí.

2) Programa del 10 de agosto: Reportaje sobre el Segundo Encuentro entre los Pueblos Zapatistas y los Pueblos del Mundo; reportaje especial sobre las oportunidades y estrategias de organización transfornteriza en la Otra Campaña / Program from August 10: Report on the Second Encounter between the Zapatistas and the Peoples of the World; special report on cross-border organizing strategies within the Other Campaign (25 min. en inglés / in english). Haz clic aquí.

Checa nuestra página web frecuentemente por las nuevas más recientes.